lunes, 28 de octubre de 2013

Hoy no me encuentro entre los trapos del armario.

Aquí estoy una vez más comenzando el rito en el que forzadamente, para salir me disfrazo
con mis dos siniestros preparados otro día queda inagurado. 
Avanzo a pasos cortos...pasos largos...a veces tropezando.
Me voy llenando de preguntas. ¿Sólo somos? ¿Sólo soy?
Me angustio al mirarnos. Miradas pérdidas ¿Cabezas vacías?
O llenas de excesos quizá. 
Excesos que hacen que un solo camino parece que puedas llevar.
Ni creo ni quiero que pueda todo esto lograr elegir, succionar, vaciar pensamientos o mentes clonar.
Aún así a veces me dejo dejo arrastrar. 
¿Lo elijo en realidad?
Parece que a veces presionan mi espalda, me empujan me incan las uñas, me fuerzan a en línea formar.
A seguir el camino y callar.
El sonido de los pasos que al unísono marcamos
y que a descuadrar jugamos nos hace creer, crear y gritar.
Tropezamos al danzar, balanceamos nuestros cuerpos disfrazados. 
Es inevitable y tán irresistible jugar.
Decoramos las cadenas que nos llevan, que nos atan.
Las cruzamos, las chocamos, las llevamos
de lo inerte a lo viviente.
Entonces cierro los ojos, ahora me dejo llevar.
Comienzo a entrar en un éxtasis del que salgo justo a tiempo,
 justo antes de no poder hacerlo más.
¿Falta de libertad? ¿Represión? ¿Carencia de permisibidad?
O quizá sea mi límite personal, el lugar donde dejo de jugar.
¿Lo elijo en realidad? 







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