dejar que el tiempo nos lleve.
Volver a ver el mar desde la cama,
cuando cada mañana despierte.
Respirarte profundamente.
Llevarte conmigo,
allí por donde el día me pierde.
Sentir frío,
no por ello hacer de lo ajeno un cobijo.
Saber llevarte conmigo,
abrigarme en nuestro nido.
Dejar el jaleo, sentir el deseo.
Esta vez sin dejar de mirar el mar.
700 las mañanas
que tropezando empecé,
700 las erratas
que hasta la noche arrastré.
Tu intentabas, te achicabas,
ignorabas toda falta.
Yo buscaba referencia
en una eterna adolescencia.
Inconscientemente tu sinceridad extrema
no supe llevar.
Me dejaba a mi, pensaba,
en un tán bajo lugar.
Perder la vista del mar me alejó de tí,
no supe mirar.
Llenó nuestras paredes
de una ya antigua humedad.
Sería duro, sería largo
el invierno soportar.
Si tus fuerzas y las mías ya buscaban encontrar,
un lugar ajeno al que era nuestro
para tranquilas estar.
Quererte de nuevo, tenerte otra vez.
Sentir el deseo, sin miedo a querer.

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