me dirijo, como muchos,
en búsqueda de llegar a la máxima de mi existencia.
Punto álgido que ya muchas veces,
ya demasiadas,
me ha parecido efímero y cambiante.
Objetivo reciclado ya tantas veces,
que en el transcurso,
acabo muchas de ellas caminando marcha atrás.
Hoy le doy un minuto a la azotea.
Un ratito para que se piense bien.
Libros, dichos, esquemas,
pasos de otros que me hacen pensar
que lo pasado,
al menos para mi,
ahora ya...
pasado está.
Que las referencias terceras
no son mas que lo que aquel,
con sus palabras
y partiendo de su realidad o irrealidad,
de algún modo reflejó.
Nada más.
Que todo ello
al menos hoy, para mí,
no mas relevancia tendrá.
Pues no puedo cargarme con esto
la mochila que ya arrastro
con lo que ya yo cargo.
Pues mi lastre ya es pesado
y quizá sea mas de lo mismo...
pero al menos, mas de los míos.
Que si mas peso me pongo encima,
no solo tomaré la reversa.
Estaré además,
lapidándome los pies.
Limitándome entre pautas, leyes, restricciones...
No puedo tampoco
liberarme de todo peso.
Para eso, me temo,
es ya demasiado tarde.
Si bien,
hoy decido limpiar de polvo los rincones.
Aprovecho este suspiro,
esta cálida brisa,
para no inmovilizarme más.
Esta vez,
no lo dejo pasar.
Voy liberando el espacio
y de a poco,
voy sacando un pie del hoyo.
Pues aún vivo.

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